01 febrero 2012

HABITACIÓN 201

Si se hubiera atrevido a ponerle la mano encima todo estaría resultando más sencillo, o no. Elena cerró la puerta de la habitación del hotel con lágrimas en los ojos y el amor propio herido. ¿Cómo podía haber llegado a esta situación? ¿Estaría haciendo lo correcto o había llevado al extremo esas “tonterías suyas”? No, estaba haciendo lo que debía, y se lo repetía una y otra vez. Una letanía que la ayudaba a no dar marcha atrás.
            Nunca había sido una ejecutiva de postín, ni había rozado altos cargos en grandes empresas; pero se había labrado una modesta carrera profesional que abandonó por él, sin titubeos ni temores. Por un amor que llevaba años sometido a la distancia, subyugado a billetes de avión y envenenado de despedidas. Pero, ¿qué había ocurrido?
            Trascurridos los primeros meses de felicidad comenzó a no reconocer al que yacía a su lado. Su incredulidad era tal que miles de veces se cuestionó a sí misma: ¿qué estaba haciendo mal? Pero esa pregunta se vistió de afirmación demasiado rápido, y como el agua golpea en las rocas la golpeó en el alma una y mil veces hasta erosionar su amor propio sin piedad.  Cuando tocó fondo, un instinto imprevisto e inexplicable fuera de la supervivencia, la empujó a hacer la maleta y abandonar la cueva de sus desdichas en busca de la luz perdida. Necesitaba abandonar la ciudad cuanto antes, ya que a medida que las horas pasaban su determinación disminuía. La imposibilidad de hacerlo de forma inmediata la empujó a refugiarse en un hotel hasta el momento de su partida. Desesperada de esperar, mantuvo una lucha cuerpo a cuerpo entre su cabeza y su corazón. Le quería, a pesar de todo y sobre todo, y ese amor se había convertido en una droga de la que creía no poder prescindir pero que acabaría matándola sin quitarle la vida.


Entregó las llaves en recepción y liquidó la cuenta. Estuvo tentada a encender su teléfono móvil, desconectado desde el día anterior, pero no lo hizo. La decisión estaba tomada y había elegido volver a empezar sin él pero con ella, con la Elena que había perdido y debía reencontrar.
            Avanzó hacia la puerta dejando atrás la primera noche de su vida.

Safe Creative #1301220072259


IMAGEN gentileza de FreeDigitalPhotos.net

2 comentarios:

  1. Comenzar nuevamente es maravilloso, dejar atrás lo que no ha servido y tomar de la experiencia lo mejor. Un beso grande, Lou

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    1. Totalmente de acuerdo. Muchas veces tener el valor de cerrar determinadas puertas nos abre un millar de ventanas con vistas que no imaginábamos.
      Gracias por estar aquí Lou!
      Besos

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